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Efectos negativos de la contaminación lumínica

Efectos negativos de la contaminación lumínica

Aunque la luz artificial nos ha procurado bienestar y comodidad para realizar numerosas actividades nocturnas, la contaminación artificial origina diversos problemas de salud y trastornos en el sueño. Detallamos algunos de ellos.

Un estudio de cinco años llevado a cabo por el GFZ German Research Center for Geoscience entre 2012 y 2016 encontró que el área exterior iluminada artificialmente de la Tierra creció un dos por ciento anual en ese tiempo, junto con el brillo nocturno. Los investigadores, que habían realizado observaciones satelitales durante varios años consecutivos, dijeron que la contaminación lumínica era incluso peor de lo que sugerían sus hallazgos, ya que no incluían parte de la iluminación LED que usamos cada vez más, específicamente la luz azul.

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Los científicos y los ambientalistas están cada vez más preocupados en torno al problema de la contaminación lumínica. Desde National Geographic también alertan sobre cómo “el exceso de luz que arrojamos a nuestros entornos está poniendo en peligro los ecosistemas al dañar a los animales cuyos ciclos de vida dependen de la oscuridad”, advirtiendo de que los humanos estamos poniendo en peligro el planeta al alterar los ritmos bioquímicos regidos por la luz natural, y por ende, por la oscuridad. 

Según los informes, alrededor del 80% de la población mundial ahora vive bajo cielos contaminados por la luz. De esta manera, nuestros patrones de sueño, ritmos y cuerpos se ven afectados de forma negativamente. Lógicamente, las personas somos animales diurnos que necesitan día y noche, luz y oscuridad, actividad y descanso. Al igual que precisamos silencio, también necesitamos oscuridad para el correcto reposo y una buena higiene del sueño, junto con unos ritmos circadianos normales, vinculados a la segregación de las hormonas como la melatonina.

En la actualidad los trastornos del sueño constituyen una epidemia global. Pese a que tenemos un miedo primitivo a la oscuridad, la ausencia de oscuridad es mucho más aterradora.

El doctor Neil Stanley, experto en la investigación del sueño durante más de 37 años y que dirige una consultoría de sueño apunta hacia el problema. “La luz y la oscuridad son la clave de nuestro ritmo circadiano y, por lo tanto, de nuestro sueño. A medida que se pone el sol, liberamos melatonina y entre una y tres horas después nos dormimos”, apunta al diario Telegraph.

Recibimos contaminación lumínica tanto dentro como fuera de nuestros hogares: en calle, farolas, escaparates, comercios o tiendas, mientras que dentro de casa estamos hiperconectados a dispositivos con pantallas de luz azul, Smart TVs, smartphones o luces LED. Estos provocan la supresión de la melatonina, retraso en conciliar sueño y somnolencia, fatiga o irritabilidad la día siguiente. Además, el mal sueño se ha relacionado con una menor productividad y más días perdidos por enfermedad, obesidad, problemas de memoria y peor salud mental.

Es fundamental dormir en una habitación oscura, desconectar de los aparatos electrónicos, usar cortinas o persianas -mejor si sin opacas-, apagar las pantallas la menos una hora antes de acostarse y mantener alejado el smartphone.

Las autoridades también se están dando cuenta del problema. Una noche a fines del mes pasado, Ginebra apagó todas las luces para crear conciencia sobre la contaminación lumínica. En marzo, 188 países y territorios participaron en la Hora de la Tierra anual. El Gobierno del Reino Unido recomienda en la actualidad a las administraciones que “limiten el impacto de la contaminación lumínica de la luz artificial en los servicios locales, los paisajes intrínsecamente oscuros y la conservación de la naturaleza”.

Fuente | Telegraph

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.