Salud

El falso mito que circula sobre las mascarillas y el oxígeno

mascarilla

Existe un bulo circulando en torno al uso de mascarillas, ya sean higiénicas o quirúrgicas: que restan oxígeno o provocan que respiremos aire envenenado. Te explicamos por qué esto no es cierto.

Mientras que en países como Japón y China el uso de mascarillas estaba bastante extendido antes de la pandemia, no era así en sus vecinos occidentales. Tener la boca y la nariz obstruidas, incluso con un tejido transpirable como el algodón, ha llevado a algunos a especular que las mascarillas podrían impedir el correcto consumo de oxígeno o hacer que respiremos de nuevo el aire exhalado, o incluso provocar envenenamiento por dióxido de carbono (CO2). Nada de esto es probable.

En primer lugar hay que destacar que tanto las máscaras quirúrgicas holgadas como las máscaras de tela tienen un carácter poroso. El aire puede moverse ñlibre a través del material: lo que sí que evitan sus capas es que las gotas respiratorias las traspasen, obstaculizando el paso de gérmenes infecciosos.

Aunque si no estás acostumbrado a usarlas puede parecer que con una mascarilla el flujo de aire se reduce, estas no provocan ni hipoxemia (bajo suministro de oxígeno arterial) ni tampoco hipoxia (falta de oxígeno suficiente en los tejidos). Aunque la obstrucción mecánica puede dar al usuario la sensación de tener que respirar más fuerte o inhalar menos aire, el nivel de oxígeno no se ve afectado.

Además, las personas con problemas respiratorios o ciertas enfermedades crónicas están exentas de usarlas. También los niños menores de cinco años de edad.

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La otra preocupación se relaciona con la hipercapnia, o demasiado dióxido de carbono en el torrente sanguíneo. Esta se trata de una afección que puede causar somnolencia, dolor de cabeza y, en casos extremos, pérdida de conciencia. El mito que circula es que las mascarillas evitan que se disipe el aire exhalado y por tanto, volvemos a respirarlo. No existen evidencias científicas de que esto suceda, ya que aunque es posible inhalar algo de CO2, las cantidades son bajísimas como para constituir una amenaza. Nuestros sistemas respiratorio y metabólico eliminan el dióxido de carbono.

No hay riesgo de hipercapnia en adultos sanos que usan cubiertas faciales, incluidas máscaras faciales médicas y de tela, así como N95“, confirma a Healthline Robert Glatter, médico de la sala de emergencias del Hospital Lenox Hill en Nueva York. “Las moléculas de dióxido de carbono se difunden libremente a través de las máscaras, lo que permite el intercambio normal de gases mientras se respira”.

El uso prolongado de máscaras N95 en un entorno de atención médica se ha asociado con hipoventilación o una reducción en la frecuencia y profundidad de la respiración. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, estas máscaras, que están destinadas a filtrar el 95 por ciento de las partículas, presentan más resistencia a la respiración. El CDC aconseja a las personas en el campo de la medicina que tomen descansos al usar estas máscaras.

Por lo demás, no te creas el mito: en los adultos sanos que usen mascarilla durante períodos limitados de tiempo es muy poco probable que ocurra hipoxemia, hipoxia o hipercapnia.

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.