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El ser humano se extinguirá si sigue aniquilando la biodiversidad

El ser humano se extinguirá si sigue aniquilando la biodiversidad

Es imprescindible elaborar ambiciosos objetivos globales para 2020 para que los ecosistemas no colapsen y la biodiversidad no se resquebraje para siempre, ocasionando también la extinción humana en última instancia.

El mundo debe buscar un nuevo acuerdo para la naturaleza en los próximos dos años o la humanidad podría ser la primera especie en documentar nuestra propia extinción, advierte la responsable de biodiversidad de las Naciones Unidas, Cristiana Pașca Palmer, recomendando a todas personas de todos los países presionar a sus gobiernos para que elaboren ambiciosos objetivos globales para 2020 para proteger a los insectos, aves, plantas y mamíferos son vitales para producción global de alimentos, agua limpia y absorción de carbono. De lo contrario, no hay planeta B en el que vivir, y los designios más catastrofistas y apocalípticos se verán cumplidos. 

“La pérdida de la biodiversidad es un asesino silencioso”, afirmó la responsable de Naciones Unidas al diario The Guardian. “Es diferente del cambio climático, donde las personas sienten el impacto en la vida cotidiana. Con la biodiversidad, no está tan claro, pero para cuando sientas lo que está sucediendo, puede que sea demasiado tarde”.

La ganadería extensiva guarda la llave para conservar la biodiversidad

Es fundamental sentar nuevo marco para la gestión de los ecosistemas y la vida silvestre del mundo, que deberían espera culminar en un nuevo y ambicioso acuerdo global en la próxima conferencia en Beijing en 2020. Cabe recordar que los dos últimos acuerdos principales de biodiversidad, en 2002 y 2010, no han podido contener la peor pérdida de vidas en la Tierra desde la desaparición de los dinosaurios, por lo que es fundamental un giro radical y políticas públicas comprometidas con la conservación de la biodiversidad, cuya pérdida entraña tantos peligros como el temible cambio climático.

Hace ocho años, bajo las Metas de Aichi para la Biodiversidad, las naciones prometieron al menos reducir a la mitad la pérdida de hábitats naturales, garantizar la pesca sostenible en todas las aguas y expandir las reservas naturales del 10% al 17% de las tierras del mundo para 2020. Sin embargo, muchas naciones no han cumplido  y aquellos que han creado más áreas protegidas han hecho poco para controlarlos. Las “reservas de papel” ahora se pueden encontrar desde Brasil hasta China.

La irresponsable agenda política tampoco brinda la atención suficiente a la población sobre esta temática: es poco típico que los jefes de estado asistan a charlas sobre biodiversidad. Incluso antes deñ gobierno de Donald Trump, Estados Unidos se negó a ratificar el tratado y solo envía un observador. Junto con el Vaticano, es el único estado de la ONU que no participa.

Leves destellos de esperanza

Pașca Palmer subrayó que algunas especies en África y Asia se han recuperado -aunque la mayoría están en declive- y la cubierta forestal en Asia ha aumentado en un 2,5% -aunque ha disminuido en otros lugares a un ritmo más rápido-. Las áreas marinas protegidas también se han ampliado. De todos modos, deberíamos preocuparnos mucho: la destrucción del hábitat, la contaminación química y las especies invasoras se acelerarán en los próximos 30 años como resultado del cambio climático y el crecimiento de las poblaciones humanas.

Para 2050, se espera que África pierda el 50% de sus aves y mamíferos, y que las pesquerías asiáticas colapsen por completo. La pérdida de plantas y la vida marina reducirá la capacidad de la Tierra para absorber carbono, creando un círculo vicioso. Las instituciones científicas empujan a los gobiernos a impulsar la protección de bosques, la plantación de árboles, la restauración de tierras y el manejo de suelos, que podrían proporcionar un tercio de la absorción de carbono necesaria para mantener el calentamiento global dentro de los parámetros del acuerdo de París. 

Fuente | The Guardian

Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.