Las emisiones diarias de CO2 han caído un 60% en la UE desde que comenzaron los confinamientos por el coronavirus, según cálculos de la consultora especializada en energía Sia Partners.

Así, la pandemia ha forzado a los humanos a disminuir su impacto en el planeta de forma drástica, al menos temporalmente. No solo la población se está desplazando menos, tanto por carretera –llevando a que estas estén casi desiertas– como en avión o barco; también hay multitud de fábricas, tiendas y oficinas cerradas e industrias paralizadas.

Las emisiones de coches y motos han caído un 88% mientras que las procedentes del sector energético han disminuido un 40% frente a datos anteriores a la crisis, aunque han aumentado las emisiones procedentes de los hogares, ya que casi un tercio de los europeos están quedándose en casa, siguiendo las peticiones de sus respectivos gobiernos.

De esta manera, los países que más han reducido sus emisiones han sido los más afectados por la pandemia, como Francia, España e Italia, de nuevo según datos de la consultora, calculados teniendo en cuenta las emisiones diarias de grandes sectores de la economía y cuánto se ha limitado cada actividad por las medidas de confinamiento.

“Una vez que el confinamiento termine, algunos sectores comenzarán de nuevo justo después y otros no”, ha señalado la socia de energía, servicios y medio ambiente en Sia, Charlotte de Lorgeril “no volveremos justo después a los niveles de antes”.

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Esto es lo que más preocupa a los expertos.

Mientras que una de las metas de la UE es conseguir reducir un 40% las emisiones de gases de efecto invernadero de cara a 2030 y con respecto a 1990, por lo que esta caída en las mismas podría parecer una muy buena noticia de cara a ese objetivo, el problema es que esta reducción es momentánea y no aportará mucho al medio ambiente si al terminar el confinamiento los países retoman su actividad tal y como la practicaban antes, según advierten diversos científicos.

“Mi preocupación no es solo el punto en que las economías empiecen de nuevo, sino los miles de millones que inyecten los gobiernos. Veo que el dinero está yendo mayormente a la economía del carbón y no a una economía descarbonizada”, ha declarado el experto en clima en la Universidad de Lieja, Bélgica, François Gemenne, al diario Financial Times.

En ese sentido, los esfuerzos de los diferentes países por reimpulsar la economía para capear la crisis económica que se viene podría llevarnos al punto de salida.

Otro experto ha advertido en una carta al mismo diario sobre el problema que puede suponer interpretar de forma concluyente estos datos, tanto por parte de los escépticos como de los ecologistas.

“La transición a un sistema energético global descarbonizado es posible a finales de este siglo”, ha remarcado el profesor de Economía y Finanzas en la Montclair State University de Nueva Jersey, Estados Unidos, Ira Sohn.

“Apoyada en incentivos económicos bien diseñados como medidas que pongan un precio al carbono (incluyendo tarifas de carbono a las importaciones) complementadas por una regulación ‘inteligente’ que no ahogue el crecimiento económico, junto a un progreso global continuado donde la ‘electrificación de la vida’ está impulsada por energías renovables”, indicaba.

Sin duda la declaración del estado de alarma en multitud de países ha llevado a que muchos vean cielos más azules estos días, pero a los climatólogos les preocupa el largo plazo.

El responsable de políticas energéticas y climáticas de Greenpeace en Pekín, Li Shuo, ha remarcado a la NBC que esta es una manera “difícilmente sostenible de reducir las emisiones” y también ha advertido de que los esfuerzos por reimpulsar la economía lleven a que el confinamiento acabe siendo un paso atrás en cuanto a esfuerzos climáticos (y no adelante).

En esta línea, otros expertos consideran que un plan de estímulo económico con enfoque medioambiental (un Green New Deal que contempla una instalación masiva de energías renovables) puede tener cabida a medio plazo para reconstruir la economía de la crisis del coronavirus, tema en el que ahonda Infolibre.

En el conjunto del año, se prevé que las emisiones de dióxido de carbono podrían caer más de un 5% respecto al pasado año.