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¿De dónde sale el agujero de los donuts?

¿De dónde sale el agujero de los donuts?

Grasientos, azucarados, insanos pero deliciosos. Ya sean de pastelería o de la conocida marca comercial, los donuts se caracterizan por su emblemático agujero. Pero, ¿cuál es su origen? ¿Quién fue la primera persona en inventarlo?

Al igual que en TICBeat abordamos enigmáticas curiosidades relativas al color más antiguo del planeta, a la razón por la que resulta imposible hacerte cosquillas a ti mismo o cuál es la técnica de relajación que usan los soldados en combate para calmar la ansiedad, hoy le toca el turno a una curiosidad que tal vez te haya surgido a la par que hincabas el diente a tu guilty pleasure azucarado: el origen del agujero del donuts. 

Si nos remontamos al pasado, en antiguos libros de cocina aparecen rosquillas descritas como buñuelos o pasteles fritos que se enrollaban o se preparaban con formato de bolita, como los olykoeks propios de la gastronomía holandesa. La preparación más cercana al formato moderno que conocemos hoy son las rosquillas en forma de diamante, una técnica que hacía la fritura más fácil y que la popular cocinera estadounidense Eliza Leslie dejó por escrito a comienzos del siglo XIX.

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Una de las razones que explica los agujeros en los donuts o rosquillas es que al prepararse fritas, y dada la densidad de su masa, elaborada a base de harina, sin este truco el calor empleado durante la cocción no podría llegar hasta el centro. O dicho de otra manera, si estos postres o aperitivos tuviesen forma de disco sin agujero, el centro no se cocinaría completamente. De todos modos, hubo otras soluciones que pusieron en práctica pasteleros holandeses o alemanes, como la colocación de fruta confitada o frutos secos en el medio.

Pero bien, el verdadero inventor del agujero de los donuts o rosquillas es, según la tradición, un capitán de barco llamado Hanson Gregory. Conocido como el “inventor del agujero de la rosquilla”, una de sus principales aficiones era degustar pasteles fritos mientras dirigía su oficio. En 1847, un día en el que los mares estaban agitados y precisaba ambas manos para controlar el timón, golpeó varios pasteles en el radio de su rueda, haciendo agujeros en medio de su superficie.

Como anciano, le gustaba contar su otra historia de cuando era un niño, momento en el que veía cocinar a su madre, apreciando que los centros de las rosquillas siempre permanecían parcialmente crudos y pastosos. “Madre, deja un agujero en el centro”, le pidió. Riendo, ella le hizo caso y nunca volvió a la vieja forma. Su método fue ampliamente copiado. Otra de las historias narradas por este goloso capitán versa que no le gustaban las nueces en el centro de estos pasteles, por lo que las sacaría, dejando como resultado un agujero.

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.