¿Necesitas irte fuera del mundo? Si te lo puedes permitir, Tristán de Acuña puede ser tu destino. Esta pequeña isla de solamente de 98 km2 está a 2.400 kilómetros de cualquier otro territorio, por lo que si tienes que volver con rapidez o quieres algo que no esté en la isla… deberás tomarlo con tranquilidad. Pero al menos no estarás solo.

Para llegar allí hay que hacerlo mediante embarcación marítima y previa solicitud que es probable que sea rechazada si los motivos no les convencen. En caso de que se apruebe la visita, hay que saber que solamente suele pasar un barco cada 20 o 25 días.

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La vida es todo lo tranquila que permite la salvaje la naturaleza, ya que como todo paraje paradisíaco tiene sus peligros, pero cuenta con un bar, museo, una tienda, escuela e internet cada vez más estable.

Los dos factores clave para poder vivir en el lugar son la buena relación con los tristones, ya que no conviene enfadarse con una población tan reducida donde todos se conocen, y la capacidad para entretenerse aun estando en soledad, porque las opciones de ocio son muy distintas a lo que tenemos en nuestra sociedad.

Pero no todo es tranquilo en la remota isla, en 1961 hubo que evacuarla tras la erupción del volcán que formó la isla y todos los habitantes fueron trasladados a Gran Bretaña. Lejos de lo que se quiera pensar, en cuanto se calmaron las cosas decidieron volver.

Así que ya sabes, si quieres desaparecer del mundo e ir donde probablemente no ha ido ninguno de tus amigos, Tristán de Acuña puede ser una opción, si te aceptan.